7 may. 2014

JABÓN DE ROMERO

Es tiempo de Romero en Flor y por tanto es tiempo de Jabón de Romero. El Romero tiene propiedades antioxidantes y astringentes y es muy recomendable para las pieles con acné. Es antiinflamatorio y promueve la regeneración celular. Estimula la circulación y es refrescante.

 No me gusta dar recetas porque la fabricación de Jabón es una técnica. Se puede explicar la técnica y a partir de ella corresponde a cada uno formarse en las propiedades de los aceites y aditivos. Si doy una receta y no se domina la técnica de nada servirá y me diréis que vaya churro de receta, y esa es la razón de por qué en el blog no pongo recetas. Pero sí os voy a mostrar a través de este Jabón cómo lo hago utilizando la técnica de saponificación en frío.

 Lo primero de todo es ir a coger el romero. En este Jabón no vamos a añadir ninguna esencia aromática, el aroma lo vamos a obtener nosotros mismos, así que hay que coger bastante cantidad. 

Lo lavamos y separamos las flores. Las flores de romero son delicadísimas y están buenísimas. Yo recomiendo que os las comáis y las utiliceis para adornar y aderezar cualquier plato. En este caso, parte las añadí al Jabón para hacer perdurar el aroma y por capricho. Pero es mejor comérselas!

 
 A continuación vamos a hacer un macerado en aceite así que metemos todo el Romero sin las flores a mogollón en una cazuela con Aceite de Oliva Virgen extra. Lo ponemos al 2 en la vitro y dejamos que se caliente, luego lo bajamos al 1 y lo dejamos así un par de horas, o tres o cuatro. Lo retiramos del fuego, lo aplastamos y lo dejamos macerando unas 24 - 48 horas. A veces, puede retirarse, triturarse y dejarlo macerando. Se cuela por un colador o tamiz fino, mejor una tela o filtro de café.

También preparamos una infusión con agua destilada y una ramita de romero. La metemos en el congelador. En el momento de usarla; me gusta que esté muy fría pero no sólida.

Ahora comienza la acción. Preparamos gafas de seguridad, guantes y mascarilla. También termómetro, molde, báscula de precisión y toallas.

 
Separamos 50 gramos del macerado de romero para añadir a la traza. Procedemos a la elección de los aceites y su fundido en una cazuela a fuego muy bajo. Yo lo pongo al dos. La combinación de aceites puede ser muy variada. Podemos combinar aceite de oliva, de girasol, de ricino, de palma, de pepita de uva, de coco, de palmiste, aguacate, cáñamo, sésamo.... manteca de cacao, de karité, de mango... y muchos más. Cada grasa tiene unas propiedades y un comportamiento diferente. Por ejemplo, el aceite de coco es imprescindible para que el jabón haga burbujas, pero nunca se puede usar sólo porque nos quedaría el jabón como una piedra y además no limpiaría nada. Hay aceites que es mejor añadirlos una vez que tenemos la traza hecha por su calidad y beneficios, como el aceite de argán, el de almendras... Además, hay que encontrar una mezcla equilibrada entre los denominados aceites duros (manteca de cacao, por ejemplo) y blandos (como el aceite de oliva). De ésta elección va a depender el resultado físico y químico del jabón, su capacidad de limpieza, de hidratación, la persistencia de su espuma, su burbuja y dureza.

Una vez fundidos los aceites seleccionados, los mantenemos a una temperatura de 45-50ºC.

Por otro lado, mezclamos el agua destilada o la infusión con el hidróxido de sodio NaOH, comunmente denominada sosa caústica de una pureza mínima de 98-99%. Cada grasa que utilicemos tiene un índice de saponificación diferente, y la cantidad de sosa y de agua a utilizar depende, entre otras cosas, de dicho índice, así como del sobreengrasado que deseemos. Estas cantidades deben calcularse exactamente conociendo los índices de sapoificación, a mano o con alguna herramienta como la calculadora de saponificación de mendrulandia

Siempre hay que verter la sosa en el agua y nunca al revés. Esta lejía desprende vapores muy tóxicos y va a alcanzar los 80ºC de temperatura. La dejaremos enfriar en lugar ventilado hasta que su temperatura sea de 45-50ºC.

Con las temperaturas correctas, se vierte la lejía en los aceites y se comienza a ligar con la batidora eléctrica de modo similar a como si ligáramos una mayonesa, se trata de generar una emulsión, hasta conseguir la denominada traza. Ahora es el momento de enriquecer nuestro jabón con los aditivos, colorantes, micas, semillas, vitaminas.... y el aceite que reservamos.  

Procedemos a enmoldar, abrigar con toallas y dejarle que gelidifique y saponifique 24-48 h. 

En este Jabón la traza se puso de color gazpacho, qué miedo!. Ese color rojo se produce por la óxidación violenta del hidróxido de sodio durante la obtención de la traza y en contacto con los propios alcaloides del romero. Esta oxidación va a provocar que el jabón alcance durante la saponificación de las grasas una temperatura muy alta. Pero a medida que el Jabón va perdiendo alcalinidad y se acidifica, y va disminuyendo el ph, pierde el tono rojizo y adquiere el tono verde que le es propio y que nos indica que todo ha salido a la perfección durante el proceso. 


Y al final este fue el resultado. Un jabón hidratante, con olor a romero, 100% vegetal, 100% natural. Fruto de un proceso delicado y único para cada jabón. Una vez desmoldado y cortado, tedremos que dejarlo curar o secar entre cuatro y ocho semanas como mínimo, para que pierda por completo la alcalinidad. En el proceso de saponificación desaparecen todos los efectos de la sosa. Transcurrido ese tiempo, medimos el PH que debe estar entre 6-7, y ya está listo para disfrutar! Así lo hago yo.